Repunte independentista con un nuevo líder en Puerto Rico

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Por: Jesús Dávila

A menos de un mes para los comicios generales en Puerto Rico, ya es indiscutible la fuerza que ha tomado el liderato de Juan Dalmau, del pequeño, pero influyente, Partido Independentista Puertorriqueño, y cuyo carisma presenta un reto formidable a la vieja política de Washington para mantener el dominio colonial.

Esa fuerza de Dalmau no consiste en que se le adjudique posibilidad alguna de ganar en las próximas elecciones, sino en que es el portaestandarte de un nuevo repunte del independentismo, luego de que muchos dieran por liquidado al PIP tras cuatro elecciones seguidas en tendencia a bajar.

La figura de Dalmau crece en momentos en que se cumplirán 100 años de que un partido con la independencia como objetivo programático ganara las elecciones en Puerto Rico, lo que ocurrió en 1920. Menos de un año después se desató un proceso que se ha caracterizado por maniobras de Washington para eliminar a ese sector político.

La vieja política imperial se concentró primero en proclamar que el dominio de Estados Unidos no tendría fin y en sacar de todo puesto público y hasta de toda profesión a quienes no juraran lealtad a la bandera estadounidense. De ahí pasó al reclutamiento de independentistas para que aceptaran una reforma autonómica, persecución abierta, fomentar la división y, cuando todo eso fracasó, surgieron propuestas políticas para atender los problemas del país sin reclamar el retiro del dominio de Washington.

Las estrategias que comenzaron en 1921 fueron enfrentadas también por sectores radicales y en cuestión de una década ya se cantaba la plena “están tirando bombas en la ciudad de San Juan”, que fue grabada en Nueva York bajo el sello Columbia. El crecimiento de lo que hoy se conoce como “propaganda armada” tuvo su primer gran líder en Don Pedro Albizu Campos, quien a pesar de pasar muchos años encarcelado y bajo torturas, logró un alzamiento armado en 1950 y los ataques a la Casa Blair y el Congreso.

En los años sesenta y setenta, la “propaganda armada” tendría sus máximas manifestaciones con las Fuerzas Armadas para la Liberación Nacional (FALN) y el Ejército Popular Boricua-Macheteros desde finales de los años setenta. Aunque su comandante Filiberto Ojeda fue ejecutado sumariamente en 2005, su sucesor “Comandante Guasábara” sigue al mando de su contingente, de dimensiones desconocidas.

En su más reciente mensaje “desde algún lugar en el corazón de la Patria”, el Comandante Guasábara y el estado mayor de los Macheteros, fijaron clara su posición contra el reformismo sin transformar el sistema, la postulación de candidatos “cómplices” del asesinato de Ojeda, como el caso del ex gobernador Aníbal Acevedo Vilá, y llamaron a la lucha en las calles porque “es hora de la acción”.

Pero el PIP, surgido en 1948, ha mantenido una forma de lucha que sigue un camino muy distinto, concentrado en el reto electoral y decididamente pacifista en momentos claves. En los años de plenitud del proyecto político autonomista capitaneado por Luis Muñoz Marín, el PIP, bajo el liderato de Gilberto Concepción de Gracia, obtuvo casi el 20 por ciento de los votos con más de 100.000 sufragios, luego de lo cual fue bajando en respaldo hasta que el partido parecía languidecer.

En los años setenta, comenzó un segundo renacer del PIP bajo el liderato de Rubén Berríos, quien luego de sufrir cárcel por las luchas para sacar a la armada de EEUU de las islas de Culebra y Vieques, en los comicios del año 2000 logró cruzar otra vez la barrera de los 100.000 votos.

En los primeros cuatro comicios generales del siglo XXI, el PIP volvió a la tendencia a bajar y ya para 2008 comenzaron los experimentos políticos para recoger a sus simpatizantes en propuestas políticas que proclamaran puertorriqueñismo y descolonización sin comprometerse con la independencia. El PIP se ha negado a tales arreglos y ahora ha cobrado mucha fuerza la figura de Dalmau, que ha impactado al país.

Con años de lucha en la universidad y en las calles, Dalmau tiene vastos conocimientos sobre administración pública y experiencia legislativa. Pero, sobre todo, su presencia física que se hace notar y su inteligencia y rapidez en el debate se combinan con la naturalidad con la que lo mismo cita a José Martí, que goza de la música rock y la lucha libre, que igual se ríe con ganas de las comedias y los chistes, que se enfrenta físicamente -como lo ha hecho- a algún marido rufián que golpeaba a su esposa en una playa.

La presencia en el espectro de candidatos a la gobernación para estas elecciones de un político sin cercanía a casos o escándalos de corrupción, que es defensor del feminismo y los reclamos de justicia sobre perspectiva de género sin dejar de ser firme en que busca la independencia de Puerto Rico lo convierten en único en su clase en el liderato máximo de los sectores políticos electorales.

La nueva etapa histórica del PIP y el llamado de Dalmau para su plan “Patria Nueva” ocurren en un momento en el que Puerto Rico pasa por una caída económica que ha cubierto la mayoría de los años del siglo XXI. Ese deterioro ha incluido la sustitución del reconocimiento a la autonomía de la colonia por la imposición de una junta de control por parte de Washington luego de que la deuda con Wall Street se tornara impagable.

Como si fuese resultado de ese deterioro de la administración colonial, el sistema electoral puertorriqueño, cuya historia se remonta a 1869, también está mostrando señales graves de agotamiento. Así, mientras en los comicios de 2000 en Puerto Rico votaron más de dos millones de electores, en 2004 bajó a cerca de 1.950.000, en 2008 a 1.903.000, en 2012 siguió bajando a 1.848.000 y en 2016 la cifra fue de cerca de 1.560.000, bajas todas con sus consiguientes reducciones en los votos por los partidos que defienden la presencia de EEUU. 

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