No hay opción: O ellos, la propiedad y el capital o nosotros, el trabajo y el salario

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Por: Pablo Hernández Parra

sofiaesteves44@gmail.com

Hoy millones de hombres y mujeres, especialmente en América y Europa, hacen cola, para ser vacunados, con la esperanza de volver a la normalidad anterior. Igualmente millones de venezolanos esperan no tanto la vacuna, como la caída o salida del gobierno de Maduro, con el sueño de una vuelta a la “democracia y la libertad”. 

Los millones de desempleados, pobres o sin trabajo principalmente de occidente, como  rehenes políticos encerrados en sus casas, usando mascaras permanentes y temiéndole al abrazo del amigo o familiar, no terminan de comprender que la nueva normalidad prometida, es la que hoy vivimos. No tienen idea de los creadores del virus como arma biológica de destrucción masiva,  son también fabricantes no de una, sino de 17 vacunas. Las mismas fueron elaboradas en solo 8 meses de “experimentación”, violando todos los protocolos en la elaboración de vacunas, cobijados en un año de terror mediático y de encierro en occidente., difundiendo una supuesta efectividad de las vacunas, alimentando, la quimera de la población.

El espejismo ha ido aumentando a sabiendas  que los fabricantes han expuesto públicamente las propiedades de las vacunas, aclarando que no inmunizan contra el virus, no lo erradican, ni evita una o más recaídas de la enfermedad, ahora declarada gripe endémica y no conforme con esas advertencias, agregan que no se responsabilizan por los daños colaterales de cualquier tipo que ocasione la vacuna, dejando dicha responsabilidad en manos de los gobiernos compradores de esta oferta públicamente engañosa. Y pese a toda esta información pública y notoria, las colas aumentan y la ilusión de una vuelta a la anterior normalidad persiste.

En enero pasado desde Davos a través de una reunión virtual del Foro Económico Mundial, con la ONU y otros líderes del mundo, por boca del nuevo líder del capitalismo mundial, el Sr Xi Jinping, anunció  oficialmente “El mundo no será como antes”. China  desde hoy es oficialmente la locomotora del mundo y el nuevo camino y futuro que le espera a la humanidad sobreviviente del genocidio en plena ejecución. Por su parte los venezolanos, como buenos cristianos de pensamiento y tradición, no creen que la situación actual del país, responsabilidad total y absoluta del actual gobierno, con sus socios opositores, sea la nueva normalidad que llegó para quedarse. Y sueñan con unas elecciones “libres, transparentes”, que encienda la luz al final del túnel.

Lo que vivimos en Venezuela, no es obra de la casualidad o de un gobierno de incapaces, es el resultado esperado de la actuación consciente de las cúpulas dirigentes del gobierno y oposición,  a lo largo de los últimos 20 años, dirigidos por ese director de escena llamado el dinero y capital. Este modelo de Estado policial-delictivo ha sido construido en beneficio de los ganadores de siempre: los propietarios viejos y nuevos del capital y los negocios. Desde abril del 2001, cuando Chávez al tercer día de su paseo por las playas de Turiamo y la Orchila fue devuelto a Miraflores, se inició en Venezuela, lo que hoy el mundo conoce como el Gran Reinicio o el dominio y dictadura del crimen organizado del capital a través de sus gobiernos y Estados sobre la mayoría de la población.

A partir de enero del 2021 oficialmente en Venezuela y el mundo  solo podrán vivir, viajar, disfrutar la vida, una reducida parte de la población, la mayoría de ella ligadas a la industria del crimen, al servicio de sus Estados y gobierno o de los propietarios de los grandes bancos, compañías transnacionales, fondos de inversión verdaderos beneficiario, en la actual “crisis general”. La mayoría de la población, pueden seguir creyendo en el sueño americano, las promesas democráticas, los DDHH, el poder del voto y  en general en la centenaria promesa de la Libertad-Igualdad-Fraternidad, pero teniendo presente que en Davos, los representantes y testaferros principales del capitalismo mundial ratificaron con absoluta claridad » El gran reinicio» requerirá gobiernos más fuertes y eficaces […] y exigirá la participación del sector privado en cada paso del camino”. 

Y que gobierno mejor que el de China, nuevo líder y modelo a seguir, puede representar este tipo de gobierno fuerte y eficaz ¿Existe en América latina un mejor gobierno al servicio del sector privado internacional, como el actual gobierno venezolano?  Los rusos, chinos, iraníes, turcos, indios y claro anglosajones, pueden dar fe de ello ¿Quiénes son los nuevos propietarios del país socios y testaferros de ese capital nacional e internacional? Ante estas sombrías perspectivas lo aconsejable es seguir la máxima: Prepararse para lo peor.

La historia de la humanidad como la historia de cualquier pueblo o nación, desde hace unos 6,000 años es un proceso continuo cuyos autores y protagonistas son los mismo de siempre  amos y esclavos, capital y trabajo, propietarios y desposeídos, ricos y pobres. En dicha historia, el drama y tragedia se repite a través de actos, llamados edades o eras. En ello, una minoría de propietarios llamados señores esclavistas, feudales o capitalistas, con sus respectivas burocracias religiosa, militar e intelectual, manda, dirige, domina y controla a una mayoría llamada esclavos, siervos, obreros o asalariados, que cumplen y obedecen. Sostenidos en el Poder de las armas y de la religión, esta minoría propietaria logra que esa mayoría siga y acate  las órdenes y leyes  de cualquier autoridad política, militar, religiosa, educativa,  en nombre de un Estado y orden establecido. 

El Estado es la forma como se organiza la sociedad en cualquier civilización de acuerdo a los intereses, privilegios y objetivos  de la minoría que detenta el poder político, militar e ideológico. En dicho Estado, la minoría propietaria ejercen el poder en forma democrática en nombre del “pueblo”  o bajo la figura dictatorial en nombre de dios, el caudillo o el Rey. Independiente de la forma que adopte el gobierno en los Estados, la minoría siempre conserva la hegemonía del poder y la democracia para su uso exclusivo. En esa organización de la sociedad el esclavo, trabajador, pobre o desposeído de cualquier época sólo tienen deberes, obligaciones y mandamientos que cumplir y leyes que respetar. Sus únicos “derechos” son la libertad de morirse de hambre, votar por él próximo verdugo que robará a su nombre, servir en el ejército para morir en las guerras defendiendo la “patria” o haciendo “revoluciones”, pero sobre todo cuando trabaja lo hace en los ambientes donde el propietario o su Estado impone, las condiciones laborales, siempre favorables al amo y propietario.

El Estado, independientemente de la época y lugar donde aparece, es ante todo la forma social que adopta la esclavitud del trabajo bajo el dominio y control del propietario. De tal manera, que a lo largo de 6,000 años de civilización o de los 522 años de la propiedad en Venezuela, el resultado final en ambos caso de “civilización” es un aumento de la riqueza y el poder en pocas manos, en una proporción directa con el aumento de la pobreza y miseria entre la mayoría.

Hace 60 años desde la ONU, organismos internacionales públicos y privados, así como desde los principales “Estados desarrollados”, tanto capitalistas como “socialistas”, las propuestas, teorías, programa  y promesas  se resumía en una frase: Acabar con la pobreza, el hambre y el subdesarrollo. 

Hoy todo queda al descubierto. Desde Davos nos promete que los pobres seremos felices sin tener nada  y el modelo político para lograr ese nuevo milagro será a través de gobierno “fuertes y eficaces” dirigidos por las elites tecnocráticas al servicio de los propietarios. En pocas palabras, para acabar con la pobreza, acabemos con los pobres y que el poder privado asuma directamente la propiedad y el control del gobierno mundial, tomando posesión de los recursos del planeta, ante “tanto gobierno populista y corrupto”

Una vez más la prometida libertad, igualdad y fraternidad bajo el reino de la razón de los propietarios, es impuesta tal como debe corresponder a un sistema basado en la propiedad privada, el dinero, el afán de ganancia y las ansias de poder.

El capitalismo con la llamada IV revolución industrial, ha llegado a un nuevo nivel en el desarrollo de las fuerzas productivas creadas por el poder social del trabajo de los esclavos modernos. Hoy es el único modo de producción dominante en todo el planeta. El poder del capital no tiene en lo inmediato un poder de clase antagónica que se le oponga. Por primera vez en la historia de la civilización y de la esclavitud del trabajo, su objetivo de acumulación de capital, riqueza y poder exige la despoblación del planeta, vale decir el exterminio de la principal fuerza productiva de la sociedad: El trabajador.

En ese sentido, el poder del capital financiero mundial, se ha convertido en un poder insoportable para la mayoría de la humanidad, ante cual a los trabajadores, asalariados y pobres del mundo,  deben y tienen que enfrentar el exterminio decidido por los propietarios y la amenaza real de ponerle fin a la especie humana, tal como hasta ahora ha existido y sobre todo reproducido, bajo el insólito y absurdo pretexto de la defensa del género. 

La desigualdad social, ha llegado a extremos simplemente groseros y abusivos, especialmente en EEUU. Informaciones desde ese país en diciembre pasado señalaban como la crisis generada por el COVID 19, ocasionó la mayor caída de la economía de EEUU desde el final de la II Guerra Mundial. Y en medio de ella la riqueza colectiva de  651 multimillonarios de Estados Unidos el 0,0021 % de la población total del país,  aumentó en más de $ 1 billón desde el comienzo de la “pandemia” llegando a un total de $ 4 billones al cierre del mercado. En ese periodo $ 6.5 billones en riqueza familiar se desvanecieron  sólo en el primer trimestre, mientras 45,5 millones de estadounidenses fueron lanzados a la calle. ….»este es el mayor impacto económico en los Estados Unidos y en el mundo, realmente, en la memoria viva»,…EEUU pasó del nivel más bajo de desempleo en 50 años al nivel más alto en cerca de 90 años, y lo hicimos en dos meses”. …“Nunca antes Estados Unidos había visto tal acumulación de riqueza en tan pocas manos. Mientras decenas de millones de estadounidenses sufren los estragos económicos y de salud de esta pandemia, unos cientos de multimillonarios se suman a sus enormes fortunas”. Según un nuevo análisis de Americans for Tax. Fairness (ATF) y el Institute for Policy Studies – Program on Inequality (IPS), basado en el informe IPS Billionaire Bonanza 2020.

Y esto sucede cuando el desarrollo de las fuerzas productivas y la tecnología han alcanzado un gigantesco nivel de desarrollo, que hace materialmente posible acabar con la miseria, pobreza y el hambre de todos los habitantes del planeta que viven y padecen esa situación. Solo en el 2017 la riqueza de la élite mundial  aumento en 762 000 millones de dólares, dinero suficiente para acabar siete veces con la pobreza extrema en el mundo.

El capitalismo como toda formación económico social basado en la propiedad privada, no puede existir sino se extiende territorialmente según permita el nivel que las fuerzas productivas y la tecnología a su disposición. Desde sus inicios como un nuevo modo de producción, basado en las máquinas y el trabajo obrero, con la I revolución Industrial  hasta finales del siglo XX apoyados en dos revoluciones tecnológicas, una guerra infinita en todo el mundo, limpió todo el planeta de los viejos modos de producción, principalmente en Asia, África y América, donde el capitalismo de estado y los “marxista-leninista” jugaron un papel de primera línea desde 1917. 

Los sucesos mundiales de 1989-1982 representan en pleno siglo XX, lo que significó la caída de Constantinopla  en manos de los turcos en 1453: El inicio de una nueva época. Si el triunfo de los árabes trasladó el “comercio y mercado mundial” entre el Mar Mediterráneo y oriente asiático, al norte del Atlántico y a todo el mundo. 1989-1992 con la caída del mal llamado campo socialista, se pone fin al capitalismo y su ideología neoliberal. Con ello se inicia la implantación del primer imperio de alcance mundial basado en el capital financiero. Y este es precisamente lo que nos acaban de anunciar en Davos 2021, con el Gran Reinicio: La implantación de un gobierno mundial con un sistema colonial, ubicado no solo en  el sur sino a nivel de todo el planeta, incluyendo las metrópolis del norte, donde al lado del nuevo mercado para una minoría no mayor al 15 % de la población mundial, crecerán los cinturones de miseria y ghetto urbanos y rurales.

La civilización y la propiedad privada sustentada en la esclavitud del trabajo han llegado a un punto de su desarrollo, expuesto con toda nitidez hace 176 años por dos jóvenes, cuando ajustando cuenta con su conciencia filosófica anterior escribieron sobre las condiciones necesarias para la liberación de la humanidad. El sueño milenario de  igualdad y libertad entre los humanos era lo que   Marx y Engels  entendían como las  “Condiciones de la liberación real de los hombres”. En torno al tema escribieron:

…la liberación real no es posible si no es en el mundo real y con medios reales, que no se puede abolir la esclavitud sin la máquina de vapor y la mule jenny, que no se puede abolir el régimen de la servidumbre sin una agricultura mejorada, que, en general, no se puede liberar a los hombres mientras no estén en condiciones de asegurarse plenamente comida, bebida, vivienda y ropa de adecuada calidad y en suficiente cantidad. La «liberación» es un acto histórico y no mental, y conducirán a ella las relaciones históricas, el estado de la industria, del comercio, de la agricultura, de las relaciones…, en consonancia con los distintos grados de su desarrollo

Solo se puede lograr la plena igualdad social de los seres humanos, siempre y cuando el poder social del trabajo, sus fuerzas productivas y tecnología alcancen un alto nivel de desarrollo, permitiendo la creación de la base material de esa igualdad como es la producción suficiente en calidad y cantidad de los bienes materiales necesario y los servicios públicos útiles a toda la población. Y este desarrollo ya en el siglo XIX, era materialmente posible, dándole al ideal socialista de igualdad entre los seres humanos, nacido en la propia revolución francesa de 1789, una base sólida y real. A partir de ese momento, la solución al problema de la igualdad social entre los humanos, no es un problema de producción de los bienes necesarios y servicios públicos, sino de distribución y de propiedad, tal como sigue planteado hoy.

El desarrollo alcanzado por el capitalismo con la III y IV revolución industrial llevada adelante por el trabajo, lejos de servir para ponerle fin a la desigualdad y pobreza ha convertido al poder del capital, en un poder insoportable contra el cual los trabajadores, asalariados, pobres y desposeídos no tiene otra opción que hacer una revolución o resignarse a perecer ante los designios del capitalismo.

La situación mundial a partir de enero pasado, ha llegado a un punto de no retorno, tal como Marx y Engels lo avizoraban. Si entre la masa desposeída mundial no se adquiere conciencia de la necesidad de transformar la actual sociedad que vivimos…sin ella sólo se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la porquería anterior. Y en ese punto exactamente estamos en el mundo y más concretamente en Venezuela. 

A la previsión de Marx y Engels hay que agregar, la solución encontrada por el capitalismo   en el siglo XXI a esta contradicción entre este gigantesco desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de propiedad y distribución existente: Exterminar a la mayor cantidad de población, implantar el imperio mundial de capital financiero del crimen organizado, aumentar la centralización y concentración de capital, en manos de un reducido número de gigantescos Fondo de inversión, bancos, compañías multinacionales y esa nueva modalidad de acumulación de capital, llamada Fundaciones, donde menos del 0,0021 % de millonarios, dirigidos por un reducido número de familias controlan la economía y política mundial y finalmente construir un nuevo mercado mundial para menos de 1000 millones de personas, que según sus cálculos, será la población sobreviviente que quedara en el planeta para el 2100. 

Este plan en marcha, tiene dos grandes incógnitas. Primero, la resistencia de los desposeídos, asalariados, trabajadores y pobres del mundo,  a este exterminio y desempleo masivo. Por ejemplo la juventud de EEUU única juventud armada en el mundo ¿Aceptara la implantación del eco fascismo iniciado por Biden y su agenda verde? Segundo, la posibilidad de que en el actual periodo de calentamiento,  produzca una pequeña era de hielo, incluso se inicie un nuevo periodo de glaciación, lo que obligaría a la elite mundial acelerar el despoblamiento de la zona intertropical del planeta, único lugar donde la humanidad ha sobrevivido en los últimos 2,5 millones, soportando glaciaciones hasta de 80.000 años, unas trece veces el actual periodo de calentamiento, donde hemos evolucionado hasta hoy.

La decisión del capitalismo está tomada y el plan de despoblación continua sin cambios de importancia. ¿Adquirirá la mayoría desposeída, conciencia de la necesidad de una transformación de la sociedad en beneficio de sus reales intereses y aspiraciones? ¿Continuará idiotizada la juventud mundial, creyendo que será feliz en el 2030 sin tener nada?  Continuarán los ricos ganando la lucha de clases, como nos lo recuerda Warren Buffet, socio de Bill Gates en los negocios y el genocidio. Ya no se trata de esperar ver el cadáver del capitalismo pasar, como lo anunciaran en 1917, se trata de que el muerto que vos matáis, goza de muy buena salud y ha regresado como un Ángel exterminador a sepultar a quienes tenían la misión histórica de cavar su tumba. Este desenlace solo se decide en el terreno de las luchas diarias. Y la única batalla que no se gana, es la que no se hace. No hay opción: O ellos, el capital y la propiedad o nosotros el trabajo y dueños de lo que produzcan nuestra manos.

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