Cosas hechas durante la epidemia de covid-19 nunca antes vistas

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Por: R. Iván Iriarte, MD, MS

Durante la epidemia de COVID-19, nos ha llamado la atención que todo lo que se ha hecho carece de precedente histórico y parece diferente de las prácticas de Salud Pública establecidas por décadas, o más de un siglo. Parece como si las personas que han tomado decisiones sobre el manejo de la pandemia han tirado al desperdicio todos los libros de Salud Pública y guías probadas en el pasado y se han inventado una manera nueva de hacer todo. A continuación se presenta una lista de dichas prácticas. 

  • Desde el principio – luego de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara una pandemia – los líderes mundiales decidieron que la manera de mitigar la epidemia era establecer un bloqueo (“lockdown”) de todas las actividades humanas normales. Los negocios tienen que cerrar, actividades sociales están prohibidas, las escuelas deben ser cerradas, se establecen toques de queda, las personas tienen que mantenerse en sus casas, las visitas no se permiten… Estas restricciones extremas nunca se habían impuesto sobre una población en un país democrático, y siempre han sido consideradas inapropiadas para controlar un problema de salud pública. Pero con el COVID-19 se presumió que eran necesarias. Al principio se suponía que se establecieran “solo por dos semanas, para aplanar la curva epidémica, y evitar el sobrecargo del sistema de prestación de servicios de salud”. Pero pronto, los líderes decidieron que los bloqueos serían el método “de facto” para mitigar la pandemia. Si la pandemia no termina, necesitamos más restricciones; si las cosas mejoran, pues evidentemente es por causa de las restricciones, y tenemos que mantenerlas para no volver atrás. Aún después de un año, esta lógica circular prevalece. Los bloqueos funcionan porque ellos han decidido que funcionan. Aún en vista de toda la evidencia que demuestra la ineficacia de los bloqueos y los grandes daños causados (1), la idea prevalente de los líderes mundiales y sus asesores es la misma manera de pensar, carente de fundamento; si el COVID-19 se transmite de persona a persona, la única manera de reducir el contagio es manteniendo a la gente alejada una de otra, por medio de los bloqueos.
  • Durante todas las pasadas epidemias, un caso se define como una persona enferma que satisface una serie de criterios clínicos, que se pueden confirmar por medio de una prueba de laboratorio. En la epidemia de COVID-19 alguien decidió que un caso es cualquier persona que tenga una prueba de laboratorio positiva para SARS-CoV-2. Esta es una práctica sin precedente, y debemos preguntarnos por qué se ha establecido como la regla en esta epidemia.
  • Para asegurarse de que se identifican la mayor cantidad posible de “casos”, todos los países han establecido programas de administrar pruebas en masa dentro de la población. De nuevo, esto no se había hecho nunca antes para enfermedades agudas infecciosas. El problema de sobreestimar de manera mayor el número real de casos, explicado en el punto anterior, se magnifica en gran medida en esta situación debido a las dificultades con la prueba de RT-PCR que son extensamente conocidas (2, 3).
  • La definición de “casos” descrita anteriormente ha resultado en la práctica sin precedente de imponer cuarentenas a personas saludables, solamente porque tienen un resultado de prueba positiva, o tienen una historia de exposición a alguien enfermo, o con una prueba positiva. Esta práctica ha sido considerada siempre inaceptable. Previas guías por la OMS establecen que esto no se debe hacer bajo ninguna circunstancia (4).
  • La OMS y los CDC (en EEUU) han promovido el uso de mascarillas en la población general. Esto ha resultado en que gobiernos han establecido mandatos de uso compulsorio de mascarillas en la comunidad. Esto es contrario a la práctica por más de una década. Por muchos años se ha establecido que el uso de mascarillas no tiene un efecto significativo en reducir la transmisión de virus respiratorios en la población general (5, 6, 7). El conocimiento científico se cambió de un día para otro.
  • Los CDC en EEUU establecieron que COVID-19 debe ser reportado como la causa subyacente de muerte en cualquier defunción en la cual este sea un factor presente (8, 9). Oficiales de salud han expresado públicamente que cualquier persona que muera, por la razón que sea, con una prueba positiva para SARS-CoV-2 será contado como una muerte por COVID-19. Ésta es una práctica nunca antes vista. La manera en que se reporta la causa subyacente de muerte se ha cambiado después del COVID-19.
  • Por primera vez en la historia, el Mundo recibe un bombardeo de informes diarios de nuevos “casos” y muertes por COVID-19. Adicional a los problemas con el número de casos y muertes explicados previamente, la práctica de reportar estos números diariamente no ha sido visto anteriormente. En todas las epidemias y pandemias pasadas, probablemente se reportaban indicadores de morbilidad y mortalidad semanalmente, como mucho.

La ocurrencia de tantos eventos y prácticas sin precedente en esta epidemia, nos debe hacer preguntarnos si a información que se transmite a la población es confiable, y si podemos comparar lo ocurrido en esta epidemia con eventos pasados, cuando las reglas de documentar toda la información han cambiado drásticamente. Debemos considerar la idea que la manera que se ha establecido el presente sistema nos lleva a un ciclo auto-perpetuado de bloqueos y restricciones, declaración perenne de la pandemia y restricciones adicionales.

Referencias:

  • Jaafar, R. Aherfi, S. Wurtz, N. Grimaldier, C Hoang, VT. Colson, P. Raoult, D. La Scola, B. Correlation Between 3790 Quantitative Polymerase Chain Reaction–Positives Samples and Positive Cell Cultures, Including 1941 Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2 Isolates. Clinical Infectious Diseases. 29 September, 2020. https://doi.org/10.1093/cid/ciaa1491

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