Martin Luther King en Puerto Rico en 1962 y la guerra de Vietnam

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Por: Jesús Dávila (NCM)

Contrario a lo que se ha asumido generalmente, la oposición de Martin Luther King a la Guerra de Vietnam no comenzó en tiempos del presidente Johnson en 1967, sino en 1962, cuando su antecesor John F. Kennedy iniciaba la escalada de ese conflicto, informó un estudioso de la obra del pacifista norteamericano. 

El investigador Juan Ángel Gutiérrez Rodríguez dijo que, sobre la aventura militar en el país del sudeste de Asia, “en su visita al Seminario Evangélico de Puerto Rico, 15 de febrero de 1962, hizo una dura crítica a la participación del ejército estadounidense en la misma”. 

El hallazgo histórico de Gutiérrez Rodríguez, que aparece en su recién publicado libro “Martin Luther King Jr., Resistencia y Lucha”, muestra que el famoso ministro protestante podría haber estado mucho más al tanto de los entresijos de la alta política de la Casa Blanca de lo que hubiera podido suponerse. Hacía muy poco tiempo que el presidente Kennedy había tomado una serie de medidas que sumirían a Estados Unidos en un torbellino sin control en el país del sureste de Asia. 

De hecho, su discurso de Puerto Rico ocurrió apenas doce días después de que, el 2 de febrero de 1962, Kennedy recibiera y avalara el informe Hilman, para el establecimiento de una red de campos de concentración para recoger a los campesinos vietnamitas en el “Programa de Aldeas Estratégicas”. Estas villas estaban rodeadas de alambradas de púas, foso, torres y vigiladas por soldados armados, que controlaban el acceso y, en lugar de ser vistas como protección contra el Viet Cong, resultaron en una gran fuente de agravios contra los EEUU. 

Ya en los últimos meses de 1961, Kennedy había autorizado el uso de las famosas “boinas verdes” a las fuerzas especiales del Ejército y las había designado para constituir la punta de lanza de las fuerzas expedicionarias estadounidenses en esa guerra. 

Todavía faltaban algunos años para la escalada ordenada por Johnson, que incluyó el uso intenso de los bombarderos estratégicos B-52 para devastar el norte de Vietnam y que se produjeran en EEUU las grandes oleadas de protestas contra esa guerra. El caso es que King todavía ni siquiera había dado su famoso discurso “Tengo un sueño” en la gran concentración de Washington -eso ocurriría en 1963- y su mensaje de advertencia desde Puerto Rico no quedó grabado en la memoria social de la época. 

Sería su discurso en la Iglesia de Riverside en Nueva York, en 1967, el que sería reconocido como el inicio de la campaña de King en contra de aquella guerra. En su libro, Gutiérrez Rodríguez analiza, tanto el de 1967, como el de 1962. 

Gutiérrez Rodríguez explica en su libro que el reverendo King aportó un “análisis integral del problema racial en los Estados Unidos” y que hablaba de lo que denominaba “la trinidad del mal” y que no se podía resolver uno sin atender los otros. 

Esa “trinidad del mal”, según King, “estaba compuesta por la guerra, la pobreza y el racismo”, puntualiza Gutiérrez Rodríguez. En lo tocante específicamente a la guerra, explica que eso obstaculizaba poder asignar fondos para de verdad enfrentar la falta de recursos “no sólo del negro, sino de los sectores empobrecidos de la nación” y que “los soldados negros luchaban por derechos humanos que se les negaban en su país”. 

El pensamiento del reverendo King, analizado por Gutiérrez Rodríguez, sobre la relación entre la guerra, la pobreza y el racismo, bien puede ayudar a entender por qué el racismo a nivel homicida ha reaparecido con fuerza devastadora en EEUU durante este nuevo siglo. Por lo menos, están presentes en torno al problema racial, la guerra “global” contra el terrorismo que EEUU dirige y el neoliberalismo económico, que lanza cada vez más gente a la miseria. 

“El pastor King estaba claro -dice Gutiérrez Rodríguez- que estos tres componentes son parte fundamental del funcionamiento del capitalismo. En sus últimos años de vida, afirmaba que la lucha racial se había convertido en una lucha de clases y que el problema era el capitalismo”. Pero las posiciones de King sobre la guerra y los reclamos económicos de los trabajadores -fuesen de la raza que fuesen- fue abriendo distancias entre él y sectores que solamente respaldaban los reclamos raciales. Para cuando decidió participar en Memphis, estado de Tenesí- de la huelga de los recogedores de basura “muchos de sus allegados se opusieron tenazmente”, según Gutiérrez Rodríguez explicó. 

Gutiérrez Rodríguez no es meramente un historiador que analiza la figura de King desde una distancia académica, sino un discípulo del pacifismo promovido por el predicador nacido el 15 de enero de 1929 en Atlanta. El investigador puertorriqueño ha tomado parte, desde su posición pacifista, en la lucha por la independencia de Puerto Rico y en luchas sociales en diversos lugares de América Latina y EEUU. 

En su libro, Gutiérrez Rodríguez analiza muchos documentos, en especial discursos, del doctor King e intenta presentarle como profeta vigente para las luchas del presente siglo XXI. 

Gutiérrez Rodríguez cita el último sermón de Navidad de Martin Luther King -meses antes de que fuera asesinado en 1968- en el que el pastor aludió a su famoso discurso frente al monumento a Lincoln de 1963 y dijo “intenté hablarle a la nación sobre un sueño que tuve, y debo confesarles hoy que no mucho tiempo después del discurso ese sueño comenzó a convertirse en pesadilla”. 

“Yo soy una víctima de sueños diferidos, de esperanzas condenadas”, dijo King y prosiguió, “pero a pesar de eso termino diciendo hoy que todavía tengo un sueño, porque saben ustedes, no nos podemos rendir en la vida. Si pierdes la esperanza, de alguna manera pierdes la vitalidad que mantiene la vida en movimiento, pierdes el coraje de ser, cualidad que ayuda a seguir adelante en medio de las dificultades. Es por eso que todavía hoy tengo un sueño”. 

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