EL ÚNICO CAPAZ DE VENCER AL COVID ES EL PUEBLO

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La mayoría de los boricuas afirmamos frecuentemente que el poder está en el pueblo sin analizar ni entender la profundidad del contenido de esa frase. Pero muchos nos dejamos manipular por una cuadrilla de embaucadores que utilizan la multiplicidad de medios tecnológicos de información modernos para distorsionar la realidad que dicha frase entraña y justificar los atropellos que una minoría ejerce sobre nosotros apoyándose en que el Tribunal Supremo de Estados Unidos consistentemente ha resuelto que la soberanía sobre nuestro pueblo radica en su Congreso. Sin embargo, en la praxis hemos demostrado reiteradamente que la fuerza y el poder que nos ha permitido sobreponernos a las más grandes penurias y calamidades que nos han ocasionado los desastres naturales y las fuerzas coloniales radica en nuestra gente y por eso somos   portadores de nuestra soberanía.

Son ejemplos: la autosuficiencia demostrada durante los desastres causados por los huracanes en 2017 y su recuperación, la destitución de Ricardo Rosselló en el 2019, la autosuficiencia durante los terremotos que estremecieron, agrietaron y demolieron múltiples estructuras y sembraron el pánico en la región sur del país a fines de diciembre de 2019 y principios de 2020 y su recuperación, y, ahora mismo, en la guerra que libramos contra el covid-19. Tampoco podemos olvidar la gesta heroica de sacar de Vieques a la marina más poderosa del mundo.

Tras el paso de los huracanes Irma y María, aquellos que se suponía fueran nuestros servidores públicos, encabezados por Ricardo Rosselló se acomodaron en el Centro de Convenciones con aire acondicionado, comidas calientes y bebidas finas, entre otras cosas, volaban en helicópteros a visitar lugares convenientemente seleccionados, donde posaban para los medios, escondían los daños, el dolor y la muerte que habían dejado tras de sí  los vientos huracanados, las grandes inundaciones y la inacción e incompetencia de ellos y de las agencias del gobierno de Estados Unidos, su todopoderoso Congreso y su pichón de emperador. Mientras esos disfrutaban de la “dolce vita” nuestro pueblo, muchísimos sin casa, techo, electricidad ni agua potable, contando solo con sus brazos, la fe que iluminaba su esperanza y el apoyo de sus familiares, vecinos, amigos y los hermanos de la diáspora, día tras día, desde la salida hasta luego de ocultado el sol, unido solidariamente en un abrazo fraternal luchaba por su supervivencia.

La tardía e insuficiente intervención de los gobiernos de Puerto Rico y de Estados Unidos y sus agencias estuvo seriamente matizada por la ocultación y la corrupción. (White Fish y Cobra, entre otros) Pero al fin y al cabo nuestro pueblo se fue recuperando gracias a su autosuficiencia y la noble solidaridad de nuestros hermanos de la diáspora, sin que todavía lleguen las cacareadas ayudas federales.

Cuando ya todo apuntaba a que nuestra supervivencia estaba garantizada, el pueblo decidió ajustar cuentas con los responsables de la catástrofe que le tocó sufrir tras los huracanes Irma y María y las burlas, ofensas y desmanes de aquella cuadrilla de mercachifles. Sin pedir permiso al Congreso, que supuestamente ostenta nuestra soberanía, destituyó fulminantemente al principal responsable de la inacción, incompetencia y corrupción de su gobierno, el ocultamiento de la muerte de miles de hermanos, y las burlas y ofensas de su cuadrilla cómplice contra nuestro pueblo.  

No habíamos completado aún nuestra recuperación, cuando en las postrimerías de 2019 y los albores de 2020, la naturaleza nos sorprendió con una serie de remesones culminando con  dos  terremotos que tras estremecer, agrietar y demoler múltiples estructuras y sembrar el pánico en la región sur del país, nos dejó incontables réplicas que aún se dejan sentir. Habíamos cambiado el gobernador, pero por una insuficiencia de la constitución colonial, la responsabilidad recayó, no sobre un líder avezado en asuntos de gobernanza sino sobre una fiscal inexperta en esos asuntos   que era parte integrante del equipo del destituido. Por eso, el estilo de gobernación cambió poco y aunque la conducta personal de la gobernadora dista mucho de la de su antecesor, el gobierno central carecía de un plan y la destreza necesaria para enfrentar la situación. Pero el liderato comunitario de la región, junto a los alcaldes de los municipios afectados, inició una intensa campaña para brindar alojamiento, alimentación y atención médica a los afectados mientras la gobernadora se presentaba a las áreas afectadas con un séquito de su partido, incluyendo a Rivera Schatz, “robando cámara” y procurando portadas.

No tardó en resurgir el comportamiento escandaloso y corrupto de ese gobierno escondiéndole al pueblo agua, alimentos, catres y otros artículos de primera necesidad mientras compatriotas, hasta de la diáspora, se desbordaron en ayuda al extremo que hubo que controlar y frenar el proceso de ayuda.

Nuestro pueblo ha ido superando esa crisis gracias a su fuerza y su poder. Cuando las autoridades federales asomaron su cara por las áreas afectadas, el pueblo junto a sus alcaldes y sus organizaciones comunitarias tenían la situación bajo control.  

En enero 2020, la prensa internacional y las redes sociales comenzaban a informar y comentar sobre el brote de una mutación del coronavirus en la China que amenazaba convertirse en una pandemia, pero el gobierno de Puerto Rico no tomó medida alguna de prevención siguiendo la opinión de su Secretario de Salud, quien sostenía que China estaba muy lejos y como no había viajes directos a Puerto Rico dicha epidemia no llegaría. 

En febrero el gobierno permitió que un crucero en el que sabía había personas infectadas con el virus atracara aquí y a más de mil de sus pasajeros desembarcar, pasearse por las calles y patrocinar los negocios de San Juan y el domingo 8 de marzo permitió la celebración del Día Nacional de la Salsa, al que asistieron más de 20 mil personas, incluyendo algunas infectadas. 

La presión pública por la comisión de esos tres disparates, provocó la renuncia del Secretario de Salud y forzó a la gobernadora a decretar un estricto distanciamiento físico y toque de queda a partir del 15 de marzo, suspendiendo todo tipo de actividad pública o privada donde se reunieran grupos de personas, más allá de las familias que cohabitaban, a excepción de farmacias y supermercados tomando las debidas precauciones, como mecanismo para evitar el contagio. Además, se orientó al público a tomar otras medidas de higiene personal. También, nombró como Secretaria Interina a la Subsecretaria de Salud y un “task forcé” médico talentoso para que orientara y ayudara en la atención de la pandemia, pero sustituyó con este la función del Departamento de Salud, provocando la renuncia de la Interina. Ello la obligó al nombramiento de un tercer Secretario en medio de la pandemia.

El gobierno ha sido lento e ineficiente en la instrumentación de las pruebas y rastreo de personas y focos infecciosos. Ha dependido del CDC de EU y ha permitido que elementos inescrupulosos articularan “un tumbe” en la compra de las pruebas. La relación colonial atrasó el procesamiento de las pruebas y no ha permitido cerrar nuestras fronteras limitando impedir el contagio desde el exterior. Ello le no ha permitido proyectar el pico (“pick”) de la propagación, sus consecuencias y las medidas necesarias para afrontarlas.  

Tenemos que sentirnos orgullosos del sector de nuestro pueblo que vela por nuestra salud, desde el galeno más virtuoso hasta el empleado de mantenimiento más humilde y de todos aquellos, hasta el o la más humilde guardia de seguridad, que tanto en el sector público como en el privado velan día a día por nuestra seguridad a costa de la suya y la de su familia. Con ellos tenemos una gran deuda de gratitud. 

No contando con vacuna que evite el contagio ni tratamiento para combatir el virus, solo los que integramos este bendito pueblo tenemos la capacidad para detener su propagación manteniendo el distanciamiento físico y cerrando nuestras fronteras.  Que no tenemos facultad para cerrarlas, tampoco la teníamos para destituir al gobernador, pero lo hicimos y sacamos a la marina de Vieques

En San Juan, Puerto Rico a 16 de abril de 2020.

Luis Toro Goyco

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