Washington calibrando proceso sobre Puerto Rico

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Por: Jesús Dávila

La propuesta para atender el problema colonial de Puerto Rico mediante una nueva asamblea constituyente, que tomó por sorpresa a los promoventes de la anexión, fue preparada de manera discreta durante por lo menos dos años y marca un rumbo posible en Washington si los demócratas logran triunfar en noviembre. La estrategia busca revivir un proceso iniciado en Washington en 2006 para solucionar la condición política convocando una asamblea constituyente, sistema que había sido usado para resolver los casos de Filipinas y otras posesiones de Estados Unidos en el Pacífico.

Con las elecciones tan cercanas y en momentos en que en EEUU el tema de la condición política de Puerto Rico no levanta interés público, el proyecto tiene más bien la apariencia de ir calibrando la puntería para el próximo cuatrienio. Pero un disparo político en esa dirección, si fuese certero, podría resolver uno de los temas diplomáticos espinosos con América Latina y, de paso, salir del círculo vicioso de plebiscitos fallidos, convocados por los anexionistas de Puerto Rico, con resultados cuestionados y que no han sido bienvenidos por Washington.

En el centro del movimiento estratégico está Nydia Velázquez, congresista demócrata de Nueva York durante casi treinta años, una figura importante en la campaña presidencial de Joseph Biden y quien tiene un historial de colaboración política con la candidata a vicepresidenta Kamala Harris. Velázquez, quien también tuvo un papel protagónico en aquel proceso en el Congreso entre 2006 y 2008, está acompañada ahora en la operación por Alexandria Ocasio Cortez, también representante por Nueva York y considerada una “estrella naciente” del Partido Demócrata.

Velázquez, hija de un cortador de caña del sureste de Puerto Rico, logró estudiar y se desempeñó como profesora de ciencias políticas en la Universidad de Puerto Rico durante años antes de emigrar a Nueva York e iniciar una carrera política que la llevó a ser la primera mujer puertorriqueña electa al Congreso de EEUU, en 1992. Observadores de su desempeño no descartan que el próximo cuatrienio pase a ocupar algún puesto en el Ejecutivo, lo que dejaría el trabajo en el Congreso iniciado este mes a cargo de Ocasio Cortez.

Uno de los elementos más sorprendentes de la maniobra de Velázquez es que no debió haber tomado por sorpresa a nadie, pues en 2018 la propia legisladora federal advirtió que estaba preparando la medida, que incluiría un proceso de negociaciones con el Congreso y en el cual se dejarían fuera las alternativas coloniales. Pero después de eso se apagaron las luces de los espectáculos y el resto del trabajo asemejó la navegación silenciosa de los submarinos.

El resultado ha sido criticado por defensores de convertir a Puerto Rico en un estado de la Unión, como el también congresista demócrata de Nueva York José Serrano y el ex gobernador de Puerto Rico Carlos Romero Barceló, quienes argumentan que una asamblea constituyente sería un “club elitista”. Pero el uso de las asambleas constituyentes está tan enraizado en la historia de EEUU que la propia nación es hija de dos asambleas constituyentes: el Segundo Congreso Continental, que comenzó buscando reformas y terminó declarando la independencia, y la asamblea de Filadelfia, que preparó la Constitución.

De hecho, EEUU utilizó ese mecanismo procesal entre 1950 y 1952 en Puerto Rico para establecer el régimen autonómico actual denominado Estado Libre Asociado. Antes de eso, el requerimiento de una asamblea constituyente para configurar un gobierno democrático fue utilizado como parte del proceso que finalmente condujo a la independencia de las Islas Filipinas, entre los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Décadas después fue utilizado con las posesiones de las Islas Marianas, las Islas Marshall y Palau, que finalmente optaron por la llamada “libre asociación”.

Aunque también se llegó a utilizar en los inicios de la expansión de la frontera de EEUU como uno de los mecanismos para el tránsito de territorios para convertirse en estados miembros de la Unión, en los sectores políticos que han estado ligados al dominio estadounidense en Puerto Rico causa preocupación los resultados que ha tenido en otras colonias.

La propuesta de Velázquez incluye que los propios legisladores electos de Puerto Rico lo organicen, haya una votación general para elegir los delegados y que éstos, después de negociar con Washington sometan el fruto de nuevo al electorado para su ratificación.

Así las cosas, el movimiento anexionista tendría que demostrar electoralmente tres veces su capacidad para conseguir el apoyo de parte de las grandes mayorías en Puerto Rico. Luego de los disturbios callejeros de 2017 y 2018 y el conato de rebelión del verano de 2019 que provocó el derrocamiento del gobernador anexionista Ricardo Rosselló, el Partido Nuevo Progresista todavía no parece haber logrado su recuperación total.

La salida de Rosselló fue seguida por el intento golpista de Pedro Pierluisi, quien ejerció como gobernador por una semana y fue desalojado por el Tribunal Supremo, para ser sustituido por Wanda Vázquez, quien está bajo investigación por presunta corrupción y fue rechazada por su propio partido en las primarias de este año.

Aunque Pierluisi se impuso a Vázquez en esas primarias y es ahora el candidato a la gobernación, el evento estuvo plagado de tantas dificultades e irregularidades que todavía hay dudas sobre si Puerto Rico podrá efectuar sus elecciones generales el 3 de noviembre.

En 2006, luego de un informe presidencial que consignó que el Estado Libre Asociado no es más que una forma de administrar la colonia y Washington puede inclusive cederla o venderla, el senador republicano Richard Burr sorprendió proponiendo el mecanismo de la asamblea constituyente. Al año siguiente, Velázquez retomó la propuesta de Burr y logró que fuese incluida como enmienda en el proyecto que la Cámara aprobó sobre Puerto Rico en 2008.

Burr estuvo acompañado por el republicano Trent Lott y los demócratas Bob Menéndez y Ted Kennedy. Cuando concluía aquel capítulo, llegó como interna en la oficina de Kennedy la entonces estudiante universitaria Alexandria Ocasio Cortez. 

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