Comienza arriesgada estrategia para la «definición final»

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Por: Jesús Dávila

El propósito histórico del movimiento anexionista de lograr la permanencia del dominio de Estados Unidos y la eliminación de la alternativa de independencia para Puerto Rico ha entrado, con el inicio del voto adelantado para los comicios generales, en la fase “definición final”, que intenta forzar la mano de Washington.

La operación, que necesita que los electores mantengan en el poder isleño al Partido Nuevo Progresista y además que otorguen la mayoría a la petición para convertir a Puerto Rico en un estado de EEUU, se ejecuta en circunstancias difíciles, tanto internas como geopolíticas. Durante casi todo el año, la única oposición política institucional que se les ha enfrentado ha sido el pequeño, aunque influyente, Partido Independentista Puertorriqueño, pero a finales de la semana pasada se les unió en el llamado a votar NO en el plebiscito el autonomista Partido Popular Democrático, que intenta también retornar al poder insular.

Durante largos meses, el PIP tuvo, como único aliado, a un grupo de artistas que hicieron trabajos creativos pidiendo el voto NO y los difundieron como pudieron. Los obstáculos principales para que el PNP revalide y el voto SÍ triunfe en el plebiscito están, sin embargo, en la indefinición de Washington y en el proceso del propio movimiento por la anexión, que ha ido entrando en una fase de reducción de su fuerza relativa y de dispersión hacia otras formaciones políticas.

Pero no todo es negativo para el PNP en ese panorama y, por lo menos, los partidos Movimiento Victoria Ciudadana y Proyecto Dignidad, que parecen beneficiarse de la dispersión anexionista, ayudan a evitar el voto NO pidiendo a sus seguidores la abstención en el plebiscito, lo que aumenta las posibilidades de triunfo del SÍ.

Los intentos de Washington para desembarazarse del problema de Puerto Rico, que desde los huracanes de 2017 ha hecho titulares negativos para EEUU en la prensa internacional, tuvieron un punto de alta tensión el año pasado, cuando el Reino de Dinamarca rechazó con burla la propuesta de la Casa Blanca para intercambiar Groenlandia por Puerto Rico, colonia por colonia.

La situación, que provocó momentos volátiles en las relaciones estratégicas en la zona del Ártico, dejó claro que, para la actual jefatura del poder metropolitano Puerto Rico es desechable. El Departamento de Justicia de EEUU ha hecho público que no reconoce validez a los pasados dos plebiscitos promovidos por los anexionistas y que tampoco aceptará lo que resulte en el de noviembre próximo, que considera amañado y una falsa representación. El Proyecto Dignidad y el candidato independiente a gobernador Eliezer Molina, rechazan el plebiscito. Victoria Ciudadana, que ha postulado para representar a Puerto Rico en Washington a una anexionista que lleva años asistiendo a adiestramientos de la Agencia Nacional de Seguridad de EEUU, se compromete a impulsar la anexión como estado sólo si se obtiene en un proceso que Washington acepte como vinculante.

En la otra cara de la moneda, la comisión de congresistas y senadores “en la sombra” -es decir, simbólicos- designados para promover la causa anexionista ha mantenido un ritmo de actividad muy intenso y el año pasado logró que el congresista demócrata de Nueva York José Serrano presentara un proyecto para hacer vinculante el plebiscito “Estadidad, Sí o No”, de noviembre de este año. La medida, hasta ahora engavetada, ha servido de norte para la ley aprobada en Puerto Rico para el plebiscito, denominado de “Definición Final”, a celebrarse junto a los comicios generales.

En eso se basa la jefatura del PNP para rechazar de plano la propuesta de las también congresistas de Nueva York Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio Cortez para que se convoque una convención constituyente puertorriqueña que negocie primero con Washington una alternativa viable antes de someterla al electorado. Estrategas como Kenneth McClintock han advertido que el anexionismo tiene que lanzarse ahora con todas sus fuerzas a un plebiscito para aprovechar las tensiones entre EEUU y China, que le dan valor estratégico a volver a desarrollar en Puerto Rico una industria farmacéutica que atraiga a empresas estadounidenses que han emigrado al gigante de Asia.

Pero eso mismo es usado por los autonomistas para plantear que el interés metropolitano en volver a rehabilitar a Puerto Rico puede producirse sin necesidad de la anexión como estado, que, de todas formas, pondría en peligro las exenciones tributarias que se concederían otra vez a las subsidiarias de EEUU.

Desde su fundación, el PNP siguió una ruta principalmente de ascenso. En 1968 superó los 400,000 y sobrepasó el millón de votos en 1996 y 2008. Pero, bajó de golpe a poco más de 884,700 en 2012 y en 2016 volvió a reducirse y quedó en apenas poco más de 660,000 sufragios. El PNP tampoco ha logrado ampliar los respaldos a la anexión en los plebiscitos que ha promovido. En el plebiscito de 1993 obtuvo 788,296 votos, para bajar a 728,157 sufragios en 1998 y, aunque subió a 834,191 votos en 2012, en 2017 acumuló apenas 508,862 votos.

Otra dificultad que tiene el anexionismo con miras a noviembre es que casos como el del apoyo objetivo a base de abstención electoral de Victoria Ciudadana no brinda garantías de cumplimiento total. Tal es el caso de Eva Prados, candidata de esa formación a legisladora por el precinto sanjuanero número tres. Prados logró bastante notoriedad al dar el golpe político que logró que las ramas legislativa y judicial hicieran públicas sus nóminas y contrataciones, tras lo cual declaró que “ya estamos ganando. Esto es una victoria ya. Ya celebramos que Puerto Rico tiene más información que ayer. Ya para mí eso es una gran victoria. Ya sabemos que estamos cambiando la conversación y que hemos hecho historia”.

La candidata, que es personalmente independentista y socialista, además de promover que se audite la deuda pública, se ha apartado de la línea política de su partido sobre el plebiscito y promueve que sus seguidores voten por el NO.  

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